lunes, 14 de marzo de 2011

Basado en hechos reales...

Imaginemos por un momento que nos encontramos de vacaciones, en el mes de junio, tomando una cerveza en la plazoleta de un pequeño pueblo de Alemania. Sobre nuestras cabezas, en lo alto del campanario de la iglesia, una pareja de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) se afana por sacar adelante a su prole. El invierno y la primavera fueron secos, por lo que el alimento escasea y los infatigables padres se tienen que emplear a fondo para procurar suficiente sustento para sus cuatro pollos; no obstante, es muy probable que no todos sobrevivan.
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Cuando llega septiembre los campos ya han sido cosechados y las horas de luz son cada vez menos. Los pollos que han logrado sobrevivir emprenden el primer gran viaje de su vida junto a cientos de sus congéneres. Durante semanas tendrán que, primero pasar por los collados de los Pirineos, para luego cruzar el estrecho de Gibraltar y, después de salvar la cordillera del Atlas, atravesar el desierto del Sahara hasta llegar a las inmediaciones de algún poblado de Senegal o Gambia, donde pasarán el invierno.

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Llegado enero algo mueve a las cigüeñas a viajar de nuevo y los jóvenes cigüeños emprenderán rumbo al norte junto al resto de sus compañeros… así será todos los años, durante el resto de sus vidas… dos viajes de miles de kilómetros todos los años, sorteando cordilleras, cruzando mares y atravesando desiertos… alucinante, no?

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Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)

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Pues bien, dejemos de imaginar…

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En 2008 nos pasaron una anilla de una cigüeña blanca (Ciconia ciconia), encontrada muerta, electrocutada, en Santa María de los Llanos, en la mancha conquense; en el remite se podía leer Dew - Volgerwarte Helgoland. Después de realizar los trámites correspondientes, nos han comunicado que dicha cigüeña fue anillada en el nido cuando aun era pollo, en junio de 2005, en Biebesheim, una pequeña localidad al sur de Frankfurt (Alemania).
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Tiene bemoles que animales tan impresionantes, capaces de realizar auténticas proezas, de cruzar mares y salvar cordilleras, de recorrer miles de kilómetros todos los años desde el campanario de la iglesia de un pueblecito alemán hasta las inmediaciones de un poblado senegalés, acaben muriendo electrocutados, de la forma más absurda, por culpa de la desidia de unos, la incompetencia de otros y la indiferencia de muchos...
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Valga esta pequeña historia real, cuyos detalles hemos podido conocer gracias al anillamiento científico, como denuncia ante esta situación, que se repite una y otra vez a lo largo y ancho de todo el mundo.

1 comentario:

  1. Enhorabuena, por el "modo" en contar la historia.

    Afortunadamente, las cigüeñas que siguen vivas, con sus anillas de PVC, nos siguen contando historias donde el final es más feliz que el de la protagonista alemana de esta historia.

    Un saludo

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